Jugada de alto riesgo de la Corte Suprema: la construcción de una nueva mayoría?

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El camino que se había trazado la Corte Suprema en la noche del miércoles para comenzar a discutir los decretos de Javier Milei para la designación de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla “en comisión” ante el máximo Tribunal tuvo un súbito desvío, en una jugada, a todas luces, planificada. Apenas terminado el acuerdo, se convocó a todos los secretarios de Corte al Salón Bermejo y el viceministro de Justicia Sebastián Amerio se catapultó al cuarto piso del Palacio de Tribunales.

Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti definieron que “cumplidas todas las formalidades” le tomarían juramento a García-Mansilla. El candidato, según reconstruyó Ámbito, que había llamado a todas las vocalías apenas se publicó su decreto poniéndose a disposición, prefirió acudir solo. A las 12.20 estamparon su firma en el acta y quedó formalmente en ejercicio del cargo para el que lo designó Milei. Cuatro fotos, estrechó la mano de los secretarios y lo llevaron a ver su despacho, el que pertenecía a Maqueda.

La contracara es la situación de Ariel Lijo y su pedido de licencia extraordinaria que efectivamente fue diferido para el 6 de marzo, en el medio de un secreto a voces respecto a la certeza de que se le exigiría primero renunciar al juzgado federal N°4 si pretendía acceder al cargo. Si la Acordada de la Cámara llegó el miércoles a las 16, hoy se terminó de confeccionar su expediente a la espera de ser analizado, la semana próxima. Primer dato que se consultó en la Corte: ¿Había alguna medida cautelar dictada por un juez que impidiese la jura? A 48 horas de publicado, ninguna. ¿Se había convocado sesión especial en el Senado para tratar la situación de los jueces? Tampoco. Técnicamente -analizaron- no había impedimento de avanzar con García Mansilla desde el punto de vista formal.

La pregunta ahora es qué hará García-Mansilla cuando arribe a la discusión, el jueves, sobre qué hacer con el pedido de Lijo. ¿Empatará una votación aceptándola o sentenciará que para asumir debe renunciar en un hipotético 3 a 1? Esta segunda opción complica la situación del juez federal pero también podría desnudar la búsqueda de construir una nueva mayoría que se alinee detrás de Rosatti y Rosenkrantz para volver a aislar a Lorenzetti. Una vez más, la interna palaciega manda.

Para eso también debe observarse con atención quiénes ambicionan una eventual vacante en su juzgado y los expedientes que heredaría un sucesor. Los hay en las filas del oficialismo, pero también en algún sector del PRO. El Gobierno estaba exultante con el arribo de García-Mansilla (que podrá ahora sí estar sentado en el sector reservado a la Corte el próximo 1 de marzo en la Asamblea Legislativa) y era un último pedido que cruzó al cuarto piso en un intento por acelerar todo, en la tarde del miércoles. Es el candidato con perfil más cercano al ideario libertario. Si podían tratarlo en el acuerdo de hoy, ¿por qué extenderlo al próximo jueves y dejar en suspenso el decreto de Milei?, fue casi un ruego.

Había una suerte de despreocupación oficial acerca del destino de Lijo a quien le adjudican cintura como para poder llegar por otro camino, más tarde o más temprano. Sin embargo, la jugada con sabor agridulce en su caso lo deja expuesto a una amansadora que puede no culminar el 6 de marzo: si la licencia se rechaza y se le exige la renuncia, se activa otro proceso hasta la aceptación presidencial de la misma y que esa documentación vuelva a estar disponible para analizar si está en condiciones de jurar. Por la crisis de vacantes general, pero en particular en primera instancia de Comodoro Py, Lijo también subroga otro juzgado. Su eventual salida dejaría disponible la quinta vacante en instrucción penal federal, el fuero que más le interesa a la política. Cerca del juez insisten en que no es opción la renuncia y que podría, incluso, judicializar un eventual rechazo de su licencia. La curiosidad de que estuviera firmada, entre otros, también por Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi fue advertida cerca de Cristina Kirchner. Tal vez la única informada de que está al caer la elevación de ternas en el concurso para reemplazarlos de forma definitiva de ese tribunal al que llegaron trasladados.

Lo cierto es que la Corte no esperó nada ni a nadie: ni que se definieran los pedidos de medidas cautelares en los amparos presentados en distintos fueros ni que transcurriera el fin del receso en el Congreso. Se acumulaban comunicados y rechazos membretados pero ninguna definición en contrario, mientras García- Mansilla estaba jurando en medio de un fugaz hermetismo y solo acompañado por los funcionarios de la Corte y Amerio, por el lado del Gobierno.

Un precedente riesgoso

El único legado del acto formal de hoy es que el máximo tribunal acepta sentar un precedente acerca de que el Presidente puede nominar por decreto y “en comisión” a un juez de la Corte Suprema. Para una gran mayoría, una señal peligrosa, institucionalmente vidriosa y que de seguro no colabora con la seguridad jurídica. La reversibilidad de su situación conspira contra la estabilidad, una condición que se emparenta con la independencia, rasgo deseable en lo judicial. Lo apuntaron juristas, académicos, asociaciones de abogados, empresarios y ONGs. La política se expresó a través de la red social X y al periodismo pero no tuvieron mayores reflejos para contragolpear. Otro tema es si en el futuro, se comenzaran a objetar como nulas las sentencias en las que firmaran jueces designados bajo este mecanismo, habría un caos en el Poder Judicial. Pero la Argentina vive un impactante día por día.

En el cuarto piso del Palacio se blindan en la opinión del abanico de secretarios letrados que interpretan que la Constitución Nacional habilita al Presidente a hacer lo que hizo. No entró en discusión, al menos para el caso García-Mansilla, si los plazos exiguos en los que se produjo el decreto aplican a lo que se considera receso del Senado, a solo 48 horas de volver a la actividad formal. Pero hay otro detalle en los pliegues de esta trama: la propuesta del Javier Milei para García-Mansilla al Senado fue para la cobertura anticipada de la vacante que se iba a generar el 29 de diciembre con la salida de Juan Carlos Maqueda. Eso efectivamente ocurrió mientras el Senado estaba en receso, con lo cual es una arista del decreto que no se analizó por fuera de los aspectos formales. ¿Hubo una vacante que se produjo mientras el Senado estaba en receso y la designación en comisión ocurrió en ese lapso? Así formulada, la respuesta es sí.

En cambio, la propuesta a Lijo es para cubrir la vacante que dejó Elena Highton de Nolasco en noviembre de 2021. ¿Habría un análisis judicial sobre si aplica la facultad presidencial para cubrir mediante el mecanismo de “comisión” vacantes que no se hayan generado dentro del plazo del receso? La Corte Suprema de Estados Unidos saldó ese dilema en 2014, cuando entendió que no solo el plazo de 48 horas era exiguo para considerarlo receso, sino que no habilitaba a cobertura de cargos que no se habían vaciado durante ese receso. Es otro interrogante que aparece.

Hay una lectura complementaria que se desencadena con esta jugada de alto riesgo: el diseño de Corte Suprema que queda conformado de esta manera debería forzar al PJ a tomar posición frente a un perfil adverso de mayorías. Así sí se vuelve apetecible la opción de votar a Lijo, aunque fuera a balancear la relación de fuerzas. Al Gobierno no le viene mal esta consecuencia secundaria del escalonamiento de juras.

La facultad del Senado de aprobar o rechazar uno o ambos pliegos sigue –por supuesto- vigente (aunque por ahora intacta), como así también el camino de judicialización que estalló apenas estuvo publicado el decreto, cuyo desenlace no se puede intuir. Si el dúo Rosatti- Rosenkrantz gatilló una estrategia para consolidar su mayoría en el tribunal quedará en evidencia –más que en las cuestiones jurisdiccionales donde hay puntos de contacto- en el plano de la superintendencia, mientras permanezca en funciones.

Fue García-Mansilla candidato el que alertó a la entonces mayoría de la existencia de una acordada en borrador que planeaba invertir todo el esquema de autoridades de la Corte con anuencia del Gobierno. Fue una suerte de enlace durante todo el proceso de discusión de los pliegos y hasta envió señales de bandera blanca al campamento kirchnerista para ver si podía destrabar su pliego de la comisión, con un muy complicado panorama para obtener los dos tercios que requiere la Constitución.

La Corte lo rescata de ese lugar, quizás, con la expectativa de que juegue un rol en la interna. Por lo pronto, conforma al Ejecutivo y desaira las expectativas de que el máximo tribunal pusiera un límite inicial a la arremetida de Milei. Pero el siguiente precedente que asoma es que quien puede lo más, puede lo menos: ¿Cuál sería ahora el obstáculo presidencial para cubrir vacantes de jueces de cualquier instancia inferior de manera temporal y por decreto?

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